Ultimate en Colombia: el deporte sin árbitros que crece sin patrocinadores
Cuando nuestro entrevistado era estudiante de colegio y alguien mencionaba el Ultimate, la respuesta era casi siempre la misma: “ah, como el fútbol americano, pero con frisbees”. Él, que jugaba fútbol en los intercursos, tenía que aclarar que no, que es un deporte sin contacto. Aun así nunca pudo jugarlo en esa etapa, y no fue por falta de ganas.
Hoy lleva casi cinco años en la cancha y su historia sirve como mapa para entender qué es el Ultimate en Colombia: cómo se juega, quién lo organiza, dónde se compite y por qué, según él, crecer le cuesta tanto.
Un deporte que en el colegio nadie sabía enseñar
Antes del disco pasó por casi todo: fútbol, natación, baloncesto y voleibol. Al fútbol le dedicó más tiempo, pero el 2 de febrero de 2022, en la universidad, empezó a jugar Ultimate y no paró.
En el colegio había escuchado del deporte, pero faltaban dos cosas: profesores que supieran enseñarlo y suficiente gente para armar equipos. En la universidad sí encontró ambas. Entrenó con su equipo universitario, buscó un club para seguir creciendo y descubrió algo que muchos universitarios aprenden tarde: fuera de la universidad, hacer deporte se paga, y bastante.
Su siguiente parada fue Mamoots, un club bogotano que ya en 2012 viajaba a torneos en Estados Unidos. Según cuenta, lo fundó hace unos 27 años uno de los pioneros del deporte en el país, y durante 26 años fue un equipo masculino hasta que abrió una rama mixta. Con ese equipo jugó el Nacional Sub 24, en un debut que él recuerda con humor: quedaron de últimos porque el equipo se había formado apenas dos meses antes.
Cómo se juega sin árbitros y sin contacto
Así lo explica él en 30 segundos. Dos equipos de siete jugadores se paran cada uno en una zona de anotación, como si fuera una cancha de fútbol americano. Un equipo lanza el disco y el otro empieza a atacar: quien tiene el disco no puede correr, solo pasarlo, hasta que un compañero lo atrapa en la zona contraria y suma un punto. Si el disco toca el piso o la defensa lo intercepta, ocurre el turnover: quien defendía pasa a atacar y viceversa.
Hay dos reglas que lo cambian todo. La primera es que no hay contacto. La segunda es que no hay árbitros, algo que también confirma la Liga Bogotana de Disco Volador: los jugadores resuelven las discusiones conversando, guiados por el reglamento. Por eso, dice él, hay que conocerlo bien.
Ahí entra el famoso espíritu de juego. Cuando alguien comete una falta, un travel (correr con el disco) o un pick (cruzarse en el camino de un rival), lo canta el mismo jugador y el otro lo acepta o lo discute. En español, explica, se habla de llamados “aceptados” o “contestados”. Y en la cancha se ve algo poco común: se felicita al rival por una buena jugada y quien se equivoca pide disculpas.
Masculino, femenino y mixto: ¿cuál es el más difícil?
El Ultimate se juega en tres categorías: masculina, femenina y mixta. Hace unos años la rama masculina se llamaba Open, pero hoy la federación usa “masculino”. Además hay categorías por edad, desde la Sub 15 hasta la Sub 24.
Para él, el mixto es el más interesante, y también el más difícil. Un partido masculino o uno femenino ya tiene su ritmo conocido, pero en el mixto hay que calcular cuánta fuerza y qué tiempo darle a un pase según quién lo reciba. Además, el contacto se llama casi siempre como falta. Hay quien dice que es la rama más “suave” y hay quien dice que es la más exigente. Él cree que su dificultad está en el timing.
También deja una idea que sorprende a quien viene de otros deportes: según su experiencia, la técnica pesa más que el físico. Él mismo no se considera el que más corre ni el que más aguanta, pero entiende el juego y lanza bien, y con eso ha encontrado su lugar en la cancha.
De Bogotá a las regiones: dónde se juega
Aunque Bogotá es una región fuerte (según cuenta, la mitad de la selección Colombia sale de acá), el deporte está en todo el país. Tiene amigos que han jugado en Putumayo, Amazonas, Caldas, Valle del Cauca, Guajira y Atlántico. Calcula que en cada región hay tres o cuatro equipos de unas 20 personas. No es como el fútbol, donde hay una escuela en cada barrio, pero el crecimiento se siente.
Las cifras de la capital respaldan su percepción. Según el presidente de la Liga Bogotana de Disco Volador, Arley Rodríguez, la liga arrancó con unos 14 clubes y en marzo de 2025 ya tenía 21, con entre 800 y 1.000 jugadores entre ramas mixta, femenina y masculina. Y el deporte ya llegó a colegios, universidades y parques de Bogotá.
Federación, ligas y torneos: así se organiza
El deporte se organiza alrededor de la Federación Colombiana de Disco Volador (Fecodv), que además tiene cuenta de Instagram. Él cuenta que la federación nació en 2017 y se unió al Comité Olímpico; antes existía la AJUC, la Asociación de Jugadores de Ultimate Colombianos, que ya aparecía en notas de 2010 y organizaba la selección y los viajes a mundiales.
Uno de los torneos más visibles es el Interligas, donde cada región juega con su propia selección. En 2023 se jugó en Bogotá con 552 deportistas de nueve ligas: Antioquia, Bogotá, Caldas, Cundinamarca, Huila, Nariño, Santander, Tolima y Valle. Lo transmitieron Canal Capital, Teleantioquia y el Canal Olímpico, algo que según nuestro entrevistado antes no pasaba. Ese mismo año, el Interligas de playa se jugó en Santa Marta, y si quieres ver más eventos al aire libre, también tenemos la categoría de playa.
Otra señal es la descentralización. Antes, cuenta, todos los torneos eran en Bogotá, y por primera vez un nacional se jugó en Medellín. Ahora se habla de llevar uno a Cali y otro al Atlántico.
En lo internacional, el calendario incluye los mundiales Sub 20 y Sub 24, el Mundial de Clubes (WUCC), los torneos panamericanos y los World Games. Y el próximo gran evento será en casa: el PAYUC 2027, el campeonato panamericano juvenil, que se jugará en Bogotá del 22 al 25 de julio de 2027 con categorías U17, U20 y U24.
Revolution: el club que ganó un mundial desde Medellín
Si hay un nombre que todos mencionan, es Medellín Revolution. Nuestro entrevistado lo describe como el club más grande del país, porque tiene las tres categorías: Revolución en femenino, Evolución en masculino y Remix en mixto. En 2022, su rama femenina ganó el Mundial de Clubes. Ultiworld lo llamó “el mejor equipo de clubes femenino del planeta”, y El Colombiano recuerda que ese equipo tenía a las gemelas Manuela y Valeria Cárdenas, a quienes nuestro entrevistado considera entre las mejores jugadoras del mundo.
Valeria, de hecho, fue elegida Atleta del Año de los World Games en 2023, con más de 35.000 votos, y la selección ganó bronce en los World Games de Birmingham en 2022. A ese grupo se suma Elizabeth Mosquera, otra de las jugadoras destacadas de Revolution. Según él, varias de ellas juegan hoy en Estados Unidos y allá sí les pagan.
Su equipo de referencia fuera de Colombia es otro: el club belga Mooncatchers, de Bruselas, que según él es su favorito en la categoría Open.
¿Se puede vivir del Ultimate?
Casi no. Nuestro entrevistado dice que los pocos que se profesionalizan lo hacen en Estados Unidos, o como entrenadores. El caso que más cita es el de Joc Jiménez, bogotano que según él jugó dos temporadas en la AUDL, la liga profesional estadounidense que hoy se llama UFA, y que en 2022 fue nombrado primer embajador de la liga en Latinoamérica.
En Colombia hubo un intento de crear algo propio: la Copa de Ultimate Profesional (CUP), una liga semiprofesional mixta que debutó en Bogotá en noviembre de 2021 con cuatro equipos de 18 jugadores elegidos en un draft transmitido por YouTube. En 2022, su segunda edición pasó a seis equipos y tuvo la final en Win Sports.
Cuánto cuesta jugar (y quién lo paga)
La parte menos glamurosa llega al hablar de dinero. Estas son las cifras que él maneja, a partir de su experiencia y de lo que ha escuchado:
El último Nacional costó unos 400.000 pesos por jugador. Con los 21 jugadores de su club, el total sube a más de 8 millones de pesos por equipo. Las pruebas para entrar a una selección Colombia, según escuchó, rondan los 700.000 pesos. Y quien clasifica paga los tiquetes, el hospedaje y la inscripción al torneo: para un mundial reciente le calcula entre 14 y 15 millones de pesos por jugador. Si el equipo gana, no hay reembolso.
La excepción es la selección de los World Games, que según él lo paga todo. Pero son solo 14 cupos, siete hombres y siete mujeres: los mejores del país.
Por eso, dice, la mayoría de los jugadores que conoce ha hecho rifas para costear sus viajes. Hasta los uniformes pesan: según su experiencia, un set de dos camisetas y una sudadera puede costar entre 300.000 y 350.000 pesos, y solo la sudadera y el pantalón rondan los 150.000 o 170.000.
Patrocinio: la oportunidad que nadie ha tomado
Para él, el mayor obstáculo del deporte es la falta de patrocinadores. Los pocos que ha visto se cuentan con una mano. Un club puso en su camiseta el logo de una entidad financiera donde trabajaba uno de sus capitanes. Electrolit, la marca de hidratantes que desde 2024 patrocina al Comité Olímpico Colombiano, regaló una caja de unas 30 botellas por equipo en un campeonato nacional. Y Discraft, la empresa que fabrica los discos, también ha apoyado al deporte.
Pero el mensaje que le dejaría a una marca es otro: que puede patrocinar “el deporte más lindo del mundo” y que es una oportunidad que nadie ha tomado. Su razonamiento es práctico. En la entrada de los torneos suele haber carpas donde se venden guantes, discos, pines, gorras y ropa, y esa es una vitrina que una marca de uniformes o de bebidas podría ocupar. Un patrocinador de hidratación, uniformes o consumibles ayudaría a bajar costos, y de paso se daría a conocer en toda la comunidad.
Cómo empezar y por qué el espíritu de juego es una puerta
Si te dieron ganas de probar, su consejo es simple: no te quedes leyendo sistemas ni estrategias, empieza a jugar. Solo en la cancha se entiende la dinámica.
También es honesto: el ambiente de algunos equipos puede sentirse cerrado y exigente con quien llega sin conocer a nadie, y en la comunidad hay jugadores muy competitivos que reclaman cada error. Pero cree que ahí está la oportunidad. El espíritu de juego, dice, puede atraer a más mujeres que se alejan de los deportes rudos, y la rama mixta y la comunidad más inclusiva pueden atraer a más jóvenes, incluidas personas con orientaciones diversas.
Lo que viene
Nuestro entrevistado no tiene dudas de que el Ultimate seguirá creciendo, y cree que un lugar en los Juegos Olímpicos le daría un impulso enorme. Lo que ve más cerca es otra cosa: más torneos fuera de Bogotá, más transmisiones y, ojalá, una marca que se anime a dar el primer paso. Mientras tanto, en las canchas de Antioquia, Bogotá y Valle del Cauca, el disco sigue volando.
¿Quieres verlo en vivo? En nuestro calendario de Ultimate puedes encontrar los torneos de tu ciudad.


